| Ilyah |
| Enteradillo |
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| Registrado: 08 May 2006 |
| Mensajes: 33 |
| Ubicación: En el anochecer. |
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Una vez empecé a escribir una historia, o un relato, pero ahí fue donde lo dejé, después de 5 minutos de escritura.
Podríamos ir siguiendo la historia, aportando cada uno su parte.
Una especie de juego.
¿Qué decís?
Marvin se acercó lentamente al tembloroso cuerpo tendido en el suelo, que se estremecía, dolorido. La noche estaba empezando a caer, y en la cúpula primaria de los almacenes de las afueras de la ciudad, la oscuridad se cernía sobre los escasos pasajeros que aún seguían por aquellos lares.
De pronto, el anciano notó cómo su enredado cabello, emblanquecido por los años, empezaba a mojarse a causa de las gotas que caían desde el nublado cielo. Los nubarrones grises habían hecho que el día hubiese oscurecido antes de lo normal. El color del cielo trasmitía una sensación de tristeza a aquel hombre que, sin duda, se encontraba cerca del final de sus días.
Alargó una temblorosa mano, y por un instante, se esforzó en ver las finas gotas que el cielo le dedicaba, estrellarse en sus dedos. Segundos después, fijó su atención en el joven que tenía delante, tumbado en el suelo que poco a poco empezaba a mojarse. Con cuidado, el viejo se agachó hasta acercar su cara a la cara del individuo, que era presa del dolor. El desconocido le devolvió la mirada asustada que Marvin había estado esperando. Sus arrugadas manos acariciaron la joven y fina cara del hombre que tenía delante, pasando por encima de las mejillas, después los labios, y después los ojos que ni siquiera podía mantener cerrados.
El anciano recordó los días en los que él también había sido así de joven, no hace demasiado tiempo.
O tal vez sí.
Esta vez, pasó aquella temblorosa mano por su cara, e intentó sentir todos los surcos que con el paso de los años habían ido saliendo de la nada. Había tantos... Sin que ni siquiera el viejo se diese cuenta, salieron unas lágrimas de sus ojos, que pronto se diluyeron con las demás lágrimas que caían del cielo. Cerró los ojos, y volvió a erguirse frente al desconcertado desconocido que aún seguía tendido en el suelo, cada vez más asustado... |
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