| eutifrona |
| Novato |
 |
|
 |
| Registrado: 19 Feb 2007 |
| Mensajes: 2 |
| Ubicación: En tus más oscuros pensamientos... |
|
|
|
|
|
 |
 |
 |
|
Hola a todos!
En primer lugar gracias por darse el tiempo para leer esta historia; soy nueva en esto de escribir y en realida jamás había escrito una historia antes, espero que sea de su agrado.
Saludos!
--------------------------------------------------------------------------------
Parte I
Cosette y Frank
La historia de ubica en un remoto pueblo de Alemania, en lo que ahora seria Sarre (Saarland), que se encuentra junto al rio Saar, rodeado de un frondoso bosque, a principios del siglo XIX. Comenzamos con una joven familia que habita en una majestuosa mansión; con un tejado de dos aguas, cuyo color simulaba la sangre que corre por las espadas en los campos de batalla, y uno de los pórticos mas impresionantes que jamás haya visto; un par de columnas de marfil sostenían el techo del pórtico, talladas a mano, con el bosque aledaño grabado en ellas, y animales que parecían salir de las columnas, y junto a la puerta había dos estatuas de cantera con forma de leones; símbolo de la realeza, de la grandeza. A unos cien metros de la mansión se encuentra una gran caballeriza, con los purasangres mas imponentes que jamás haya visto, directamente traídos desde arabia, con un color negro, y unas patas inmensamente musculosas, que servían para llevar un carruaje a gran velocidad por varios días, o bien, sólo para dar un tranquilo paseo por el bosque al medio día.
La familia estaba compuesta por una linda pareja. La mujer era una duquesa, una joven con una belleza increíble, con una tez y un porte finísimos, una hermosa, larga y sedosa cabellera negra, al igual que sus profundos y expresivos ojos, que inspiraban tanto admiración como respeto, y un cuerpo que ponía los pelos de punta a cualquiera. Su esposo; un hombre rubio de clase baja, alto, fornido, con unos profundos ojos azules, y unos rizos que caían sobre su frente, dándole una imagen grácil y amable a su cálido rostro. Sus nombres eran Cosette y Frank, respectivamente.
Cosette y Frank venían huyendo de su natal Inglaterra, pues una cruel historia era la que tenían en su pasado; Frank era sirviente en el hogar de Cosette, provenía de una humilde familia de campesinos, en la que se le presentó la oportunidad de trabajar en el hogar de Cosette, el cual estaba vinculado con la realeza, y que estaba conformado por siete hermanas, la madre y el padre, quienes poseían riquezas impresionantes. Cuando el padre de Cosette, cabalgando por el pueblo, encontró que el entonces muchacho poseía una gran habilidad para tallar esculturas, despertó un fuerte interés en el y lo llevó inmediatamente a su hogar. El joven comenzó a trabajar para el padre con la condición de que le diera dinero suficiente para el sustento de su familia que había dejado en el campo, de otro modo tendría que regresar a ayudar con los cultivos. El padre de Cosette aceptó sin duda alguna.
Conforme pasaba el tiempo, el muchacho iba teniendo más y más aceptación dentro de la familia, pues era un joven bien portado, buenmozo y muy amable, pero jamás dejaban de lado que era “solo un campesino”. Cosette, sin embargo, lo veía con ojos diferentes a los de su familia; ella adoraba sus ojos azules, y sus rizos dorados que caían sobre su rostro… Poco a poco fue enamorándose de el, y el sentimiento fue correspondido. Los jóvenes enamorados mantuvieron el secreto de su romance por poco más de un año, pero era sólo cuestión de tiempo para que la familia los descubriera y, cuando esto sucedió, se armó un gran escándalo; Frank fue llevado a la fuerza de vuelta a su pueblo, y Cosette fue encerrada en su cuarto, solo abrían para llevarle comida y para conversar de vez en cuando. El par de jóvenes no podía soportarlo, y a través de una pequeña grieta que había en la habitación de Cosette, se hacían llegar mensajes con otros sirvientes para no ser descubiertos, hasta que por fin decidieron partir para siempre de sus hogares, para poder ser felices, en una fría noche de invierno. Esa noche, Frank pagó a los sirvientes para que lo dejaran entrar y le proporcionaran la llave de la habitación; les dio hasta el último centavo que por tanto tiempo había estado ahorrando.
Cuando al fin llegó a la habitación de Cosette, sintió su corazón palpitando como jamás lo había hecho, juraría que estuvo a punto de saltar de su pecho. La puerta se abrió, y Cosette corrió a los brazos de Frank, con lágrimas en sus ojos. Agarro a prisa un par de vestidos, y le pidió a Frank que fueran a la caballeriza, pues ahí los esperaba un carruaje. Al subir, Frank observó que en el asiento había un gran cofre, y lo miraba con gran curiosidad, hasta que Cosette lo animó a abrirlo; en él había cientos de piedras preciosas: rubíes y diamantes, esmeraldas, y demás piedras que eran una fortuna. Cosette observó en los ojos de Frank un brillo que nunca antes había visto, y sintió un fuerte escalofrío recorrerle todo el cuerpo, pero pensó que eran solo los nervios y estaba decidida a seguir adelante.
Los jóvenes no se dieron cuenta de que una hermana pequeña de Cosette los había visto salir de la casa, y justo cuando iban a partir, el padre de la joven llega más furioso que nunca, y está decidido a no dejar ir a su hija con el campesino, pues tenía ya una boda arreglada con un príncipe de una región cercana. El miedo invadió a Cosette, y comenzó a temblar y a perder el control. Frank besó su frente y la tranquilizó, asegurándole que todo iba a estar bien. Bajó del carruaje y golpeó a uno de los caballos para que comenzaran el recorrido.
Frank estaba furioso, al igual que el padre de Cosette, y comenzó un sangriento duelo, que despertó a las demás mujeres de la familia, y entré espadazos y golpes, los sonidos de los metales cesaron, y se vio a uno de los hombres partir hacia la caballeriza, que salió montando un caballo bosque adentro, mientras que la otra silueta yacía inmóvil en el suelo.
La madre de Cosette salió inmediatamente para comprobar que era el padre de Cosette el que se encontraba muerto, y que el campesino Frank había huido con su hija. La madre sintió un odio tremendo hacia Cosette, y juró que jamás la reconocería como su hija, mientras lloraba sobre el cadáver de su esposo.
Frank alcanzó el carruaje que había dejado ya de andar, y abrió la puerta; Cosette estaba sumida en un mar de lágrimas, pero Frank la tranquilizó y le aseguró que podían partir en paz, que nada grave había pasado. Cosette jamás desconfió de el, y ella jamás supo lo que en realidad había sucedido.
Su largo viaje hacía la grandiosa Alemania había comenzado. |
|